
MI ANTI-NAVIDAD
En esta ciudad es fácil hacerle el quite a la Navidad. Basta doblar por una calle en vez de otra.
Anoche caminaba por Chinatown, y nadie estaba pendiente de comprar regalos ni de encontrar la última champaña helada de Manhattan. Nadie, salvo yo.
Pero siempre que voy a Chinatown termino olvidándome a lo que iba, y me quedo deambulando con las manos vacías entre sus calles laberínticas, atestadas de neones, ratas, cabezas de pescados muertos, karaokes, peluquerías, medicinas chinas, jóvenes que fuman en la esquinas, y viejitos que entran a edificios infectos sin saber si algún día van a salir vivos de ahí. De pronto miré la hora y me di cuenta que iba atrasada a mi comida de Navidad. Rápidamente busqué un teléfono público para llamar a Daniel. Daniel es chileno, pero lleva diez años viviendo en Nueva York, y le gusta protegerme como si fuera mi hermano grande.
-¿Agata Brígida?- me contestó completamente happy al otro lado de la línea. Se había bajado tres botellas de champaña junto a su novio Jimmy, mientras elegían las mejores escenas de películas anti-navideñas de su colección de dvd. La idea era comer viendo películas que atentaran en contra el espíritu de la Navidad. Películas, que ningún canal de TV pasaría el 24 de diciembre.
Metí otra moneda (debo ser la única persona no homeless que no tiene celular en Nueva York, y estoy acostumbrada a acarrear una lluvia de 25 centavos en mis bolsillo).
-Vente ahora. Queremos comer. Además te tenemos un regalo sorpresa 3d. Italoamericano.
Le dije que en 15 minutos estaba ahí, olvidando que el mapa de esta ciudad nunca coincide con mi mapa mental. Si estoy a diez manzanas de un lugar debo multiplicarlas por tres para calcular la hora en que llegaré. Decidí tomarme un taxi.
Daniel me abrió la puerta con el control remoto en la mano. Todos sus amigos gays pedían que comenzara la función mientras Jimmy servía pavo con salsa de frutillas. “Ok, esto si que es creepy”, dijo Daniel con los ojos brillosos. Colocó con Una mujer en problemas de John Waters. Divine (el famoso travesti de Hairspray) le gritaba a sus papás que los odiaba y botaba el árbol de Navidad al suelo, dejando a la mamá ahogada entre las ramas. Mientras más tomábamos y comíamos, más delirantes se volvía la selección: Carrie y el balde de sangre cayendo sobre su cabeza; Laura Palmer azul, envuelta en plástico; Pe-wee, el alter ego de Tim Burton, hablando solo con sus juguetes; la siempre perversa Isabelle Huppert cantando que el amor feliz no existe en Ocho mujeres....No voy a contar cómo terminó esa noche. Sólo sé que la champaña, el zapping de películas anti-navideñas y un hombre heterosexual que ofreció acompañarme en el metro hasta Williamsburg, me hicieron pensar que los regalos más valiosos son los que no esperas recibir.